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marzo 26, 2007



Domingo 25 de marzo de 2007
ALEJANDRO CHAFUEN. Presidente de la fundación Atlas
:
La sociedad libre y sus enemigos
Patricio Tapia


La división en el campo "liberal" facilita la labor de líderes como Chávez o Evo Morales. Ambos en la reciente visita de Chávez a Bolivia.

Alejandro Chafuen es economista y presidente de la Fundación Atlas, que apoya a diversos centros de estudios liberales. stuvo en Chile invitado por el Instituto Libertad y Desarrollo para su 17° aniversario y para participar en el primer Foro de Políticas Públicas para una sociedad libre.

Si Adam Smith describió el papel del mercado libre en la asignación de los bienes en la economía como una "mano invisible", la promoción de ese modelo e ideas no siempre es tan imperceptible. En la página de presentación en la internet de la fundación estadounidense Atlas se señalan su visión ("alcanzar una sociedad de individuos libres y responsables, basada en los derechos de propiedad privada, gobierno limitado, bajo el respeto al estado de derecho y el orden del mercado") y su misión ("descubrir, desarrollar y apoyar a intelectuales emprendedores en todo el mundo que tengan el potencial de crear institutos independientes de políticas públicas y programas relacionados, que promuevan nuestra visión").

El presidente de Atlas es el economista Alejandro Chafuen, quien se ha ocupado de asuntos muy específicos (como las raíces intelectuales de la economía de mercado) lo mismo que de temas de actualidad. Como era de esperar, una palabra recurrente en él es "libertad", cuya promoción y defensa alcanzan a sus ojos la dimensión de una cruzada.

Moral y religión
-Desde antiguo quienes se ocuparon de la economía fueron filósofos morales. ¿Esta vinculación aún existe o está debilitada?
"Se ha debilitado fuertemente. Los grandes campeones de la libertad, en la época medieval tardía, en la escuela escocesa o en la fisiocracia francesa, compartían una visión del hombre como un individuo dotado no sólo de inteligencia, sino de alma y como criatura de Dios. Hacia fines del siglo XIX y comienzos del XX empieza a tomar cuerpo una visión más atomista de la persona, que nos lleva a verla a veces, principalmente en el caso de los economistas, como un simple número. El peligro es que en el juego de los números, los números ganan y el colectivismo empieza a triunfar sobre el individualismo. Es de esperar que quienes piensen que la libertad es el valor fundamental en la sociedad, lo hagan basados en una filosofía moral correcta".

-Usted se ha ocupado de las aportaciones de la escolástica tardía católica a una economía liberal. Supongo que no comparte la idea de Weber que vincula el capitalismo a la ética protestante...
"No soy el único. Autores reconocidos en diversos ámbitos, como Berman en derecho, Stark en ciencias sociales, Skinner y Bernice Hamilton, en instituciones políticas, señalan el gran legado de los autores católicos a la evolución del orden jurídico de la sociedad libre. En el campo económico, salvo en el tema del cobro de interés (usura), los autores que siguieron a santo Tomás de Aquino, en su gran mayoría, sentaron las bases de la economía de mercado. El tema más profundo, quizás, es el de los derechos de propiedad. Fueron católicos como Francisco de Vitoria quienes señalaron que estos derechos deberían ser respetados en toda persona, independientemente de si fueran pecadores o no. Los autores protestantes hacían depender estos derechos de la gracia o la elección divina. Creo que se está creando un consenso académico en cuanto a que la postura de Weber, que le daba el crédito (o el demérito) del surgimiento del capitalismo a la ética protestante, extendía demasiado sus conclusiones".

-Entonces se puede ser buen católico y buen capitalista...
"La dignidad de la persona requiere un sistema de propiedad privada y el respeto por ella. Esa es la esencia de la economía de mercado y la sociedad libre. A distingo de otros autores, yo no suelo usar la palabra capitalismo...".

-Es la que usó Juan Pablo II...
"La usó. Si bien Michael Novak la utiliza como derivada de «cabeza» en referencia al intelecto, después de Marx, ella suele significar un sistema que privilegia la acumulación de bienes de capital y a sus dueños. Juan Pablo II habló de un capitalismo compatible con el catolicismo, pero también señaló que prefería referirse a un sistema de libre empresa. Yo uso la expresión «sociedad libre», porque la idea de libertad me parece mucho más fundamental para la civilización que el concepto de capital".

-En sus comentarios de actualidad ha criticado mucho a Hugo Chávez. ¿Lo ve como amenaza?
"La tentación totalitaria o antiliberal ha tomado cuerpo en distintos líderes y filosofías a lo largo de la historia: hoy es el populismo totalitario de Chávez. Una concepción de la democracia basada en el voto mayoritario y no en la división del poder y el respeto a los derechos anteriores al Estado es una de las causas principales del surgimiento de un dictador como él. Esta democracia «rousseauniana» actuando en sociedades con grandes diferencias económicas, sociales y culturales hace que sea fácil para líderes populistas encaramarse y acumular todo el poder. Otro factor que influye es una coyuntura internacional difícil, con poderes occidentales en lucha con el islamismo radical y un alza en los precios de exportación de bienes en los países con más tendencia populista (Venezuela, Ecuador y Bolivia con el petróleo). El alza incrementa el producto de esos países y la gente erróneamente piensa que ello es fruto del populismo".

-En las películas, por efecto de la Guerra Fría, los peligros para el "mundo libre", como decían sus protagonistas, solían tener un tinte soviético. ¿Cuáles son los peligros hoy?
"Dejando de lado la posibilidad real de ataques terroristas catastróficos, incluyendo dispositivos nucleares, la coyuntura económica internacional me parece muy positiva. No así la política. Los países con Estados de Derecho no saben cómo lidiar con las violaciones producidas en regímenes de «fascismo light», totalitarismos no tan extremos como el comunista o el nazi, que respetan algunas libertades económicas, recurren a plebiscitos o contiendas electorales y se llaman democráticos. El que países totalitarios como China sean el destino predilecto de los inversionistas mundiales tienta a otros líderes a emularlos pensando que también podrán atraer inversiones, pues a los operadores internacionales les interesa más una ganancia rápida que el respeto a las libertades económicas, políticas y civiles. ¿Cómo controlar esto? Creo que fortaleciendo el rol de organismos internacionales de monitoreo y creando nuevos organismos fuera del alcance de gobiernos «fascistas», de izquierda o de derecha, y sus servicios de inteligencia".

-¿Le gusta la tan usada expresión "líder"?
"Se puede ser un líder para bien o para mal. Líderes negativos como Perón o Chávez pueden echar por tierra décadas de trabajo educativo y desarrollo institucional. Contra esos liderazgos se necesitan otros que sirvan de contrapeso y es allí donde muchos de los amantes de la libertad presentan un déficit porque tratan de llegar a posiciones de liderazgo no a través de un trabajo constante y abnegado, sino por la crítica a los líderes negativos e incluso a quienes, con ideas parecidas, compiten con ellos. Esta división en el campo «liberal» facilita la labor de líderes populistas como Chávez, Kirchner o Evo Morales".

-La fundación Atlas apoya a diversos centros de estudios más que a políticos. ¿Por qué?
"Porque tratamos de mantenernos al margen de los partidos políticos. Yo no pertenezco a ninguno. Los políticos siguen a la opinión pública. Nosotros trabajamos educando en temas de economía, sociedad, instituciones políticas. Es decir, trabajamos para el largo plazo".

-Al menos en Chile, quien se dice apolítico casi indefectiblemente es de derecha...
"El fundador de la institución que presido decía que no es tanto cuestión de left or right (izquierda o derecha), sino de right or wrong (lo correcto o incorrecto). Mucha de la gente que apoyamos tiene una filiación política, pero la verdad no le pertenece a un determinado partido. No estamos en contra de la política, sino del partidismo exacerbado".

Datos
Alejandro Chafuen. Nacido en Buenos Aires, en 1954, es doctor en economía y ha sido profesor en diversas universidades de Argentina y Estados Unidos. Es, desde 1991, presidente de la Fundación de Investigación Económica Atlas. También es presidente y fundador del Centro de Economía Hispano Americano (www.ha cer.org). Chafuen se desempeña como consejero y participa en consejos administrativos de variados institutos europeos y latinoamericanos.
Es un comentarista habitual en temas económicos, de seguridad y amenazas estratégicas en América Latina. Entre sus libros destacan "Economía y ética. Raíces cristianas de la economía de libre mercado" (Rialp, 1991) y una versión ampliada del mismo libro titulada "Faith and Liberty" (Lexington Books, 2003).
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febrero 08, 2007



Socialismo o muerte en América Latina

Alejandro Chafuen*
Lunes, 15 de enero de 2007

Arlington, Virginia (AIPE)- Mientras los expertos internacionales de Estados Unidos se dedican a enfrentar el inmenso costo de acabar con la dictadura en Irak, una nueva dictadura surge en las Américas. Al comenzar su nuevo período como presidente, Hugo Chávez acelera las reformas para convertir a Venezuela en un país socialista, anunciando la socialización de los sectores de energía y comunicaciones.

Una de las empresas afectadas será AES, basada en Arlington, Virginia, la cual -con el visto bueno de Chávez- compró el control de La Electricidad de Caracas (EDC) en 1990. Esta empresa privada fue fundada en 1895 por venezolanos empeñados en mejorar las condiciones de vida en su país. Varios miembros de la familia Zuloaga fueron importantes accionistas, pero contrario a lo que suele ocurrir en América Latina, ellos abrieron las puertas a otros inversionistas, quienes fueron dueños de 80% o más de las acciones de la empresa el siglo pasado. La Bolsa de Caracas, en gran parte, creció por las transacciones en acciones de EDC. EDC aumentaba año tras año la generación y distribución de electricidad, pagando dividendos por 90 años consecutivos. Al mismo tiempo, reducía sus tarifas y ofrecía servicio eléctrico en muchas zonas donde no percibía ganancias, convirtiéndose así en ejemplo mundial de responsabilidad corporativa.

Cuando los gobiernos intervencionistas de Rafael Caldera y de Jaime Lusinchi se congeló las tarifas eléctricas, EDC dejó de crecer y prosperar. La elección de Chávez contribuyó a la caída del valor de las acciones, abriendo las puertas a una oferta de compra no amistosa por parte de AES, que entonces era una empresa más pequeña que EDC.

A pesar de su populismo nacionalista, la compra de EDC por una empresa extranjera encajaba muy bien en los planes de Chávez. Las compañías extranjeras tienden menos a apoyar las instituciones de una sociedad libre. Por el contrario, la familia Zuloaga siempre apoyó a grupos opuestos al corrompido compadrazgo entre políticos y ciertas élites empresariales que tanto daño ha hecho en América Latina, permitiendo que gente como Chávez alcance el poder e imponga planes totalitarios.

La compra de EDC ayudó mucho a Chávez. Con sus competentes cabilderos en Washington –la firma Patton Boggs- y otros aliados que lograba comprar con las ganancias en este país de la empresa estatal venezolana Citgo, gozó del tiempo necesario para preparar su asalto definitivo contra los importantes activos empresariales en Venezuela. Si cumple su promesa de expropiar a EDC y nacionalizar la telefónica CANTV habrá logrado ponerle la mano a más de dos terceras partes de los capitales representados en la Bolsa de Caracas.

Aquellos que hacen arreglos con Chávez no les importa la corrupción. Según Transparencia Internacional, Venezuela es uno de los países más corrompidos. Un compinche de Chávez, su vicepresidente hasta principios de enero, José Vicente Rangel, fue recientemente denunciado por corrupto en una investigación realizada para Cato Institute por Gustavo Coronel, anterior representante de Transparencia Internacional en Venezuela. Rangel fue reemplazado, pero eso nada cambia. Y ¿debiera Fox TV seguir aceptando publicidad de Citgo? A lo contrario de la vieja EDC, sus actuales dueños no aportan al esfuerzo en desarrollar instituciones libres en Venezuela y Chávez aprovecha la presencia de multinacionales como AES para esconder su socialismo radical. Una y otra vez, aquellos que se han opuesto a las fechorías de Chávez, como Exxon, sufren el incumplimiento de contratos firmados por el gobierno venezolano. Pero la mayoría de las multinacionales, como AES, guardan silencio. Están allá para ganar dinero, lo mismo que ha motivado a varios “conservadores” en Washington a ayudar a Chávez.

Cuando en 1947 Juan Domingo Perón –otro dictador democrático- nacionalizó los ferrocarriles, los felices representantes de la empresa inglesa en Buenos Aires, al recibir el pago, telegrafiaron a la empresa matriz: “lo logramos”. A mí no me preocupan mucho los accionistas de AES. Las verdaderas víctimas serán los venezolanos y demás latinoamericanos que ven a Chávez cada día más activo en sus países. Quizás ellos confrontarán también la alternativa de “socialismo o muerte”. Pero lamentablemente en Estados Unidos, por conveniencia o por dinero, continuará el silencio frente a tan monstruosa opción.
* Presidente, Atlas Economic Research Foundation