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agosto 26, 2008

Derechos constitucionales a bolívares fuertes. Marisol García Delgado
No tienen nada positivo los decretos leyes dictados en ejercicio de la Ley Habilitante? ¿Por qué los opositores se niegan a reconocer los logros del Gobierno? ¿No hay nada positivo para destacar en la gestión revolucionaria? ¿Todo es negativo? ¿Acaso todas esas leyes son inconstitucionales? Estas son las interrogantes, con respuesta adosada, que plantean los miembros del equipo gubernamental

julio 08, 2008

Pago por resultados. Marisol García Delgado
Por años se adujo como causa eficiente de la corrupción administrativa, los míseros sueldos de los funcionarios públicos y los escasos beneficios que obtenían por tan sacrificados servicios a la patria.
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abril 28, 2008



La siembra del hambre
Marisol García Delgado

Entre la Venezuela aquella, no exenta de errores -que construyó la red vial nacional, las urbanizaciones caraqueñas de clase media baja y media-media, la infraestructura hospitalaria y educacional; aquella Venezuela que de algún modo mostraba índices de desarrollo agrícola y pecuario- y esta Venezuela -la que no admite errores, aunque no exhibe ni una sola urbanización de las dimensiones y significación de Caricuao, Antímano, El Valle, Coche, 23 de enero, por sólo mencionar las ubicadas en Caracas- la distancia es sideral.

febrero 11, 2008


Publicado Diario El Universal 11/02/08
Más derechos, menos libertades
Marisol García Delgado

Entre los muchos fenómenos de nuestras realidades cotidianas tenemos los celebrados Derechos del Hombre que a propósito de cada descubrimiento, adelanto científico, invención –inventos, mitos y fantasías-, crecen como la verdolaga, se reproducen como acures y se plasman en las constituciones y leyes como si se tratase de bendiciones políticas prodigadas a sociedades hambrientas de oportunidades.
Por esta vía, absurda y contranatura, el ciudadano tiene derecho a la vida, a la salud, a la información, a la libertad personal, a la libertad política, a la educación, a la cultura, a desarrollarse y a procrear. Extrañamente, las constituciones y leyes no consagran el derecho a la muerte súbita, aunque por ahí circula la pretensión de imponerla como una sublime alternativa política.

noviembre 05, 2007




Publicado Diario EL Universal 05/11/07
El socialismo es un castigo
Marisol García Delgado

Nadie caería en las garras del Mal si éste no tuviere un verdadero poder de seducción. Mientras el Bien se manifiesta mediante advertencias de todo tipo, supone no pocos sacrificios, renuncias o aplazamientos de satisfacciones y placeres, el Mal ofrece goces inmediatos y gratuitos. Mientras el Bien se conquista con trabajo, estudio y disciplina, el Mal premia la pereza y el abandono. Mientras el Bien se expresa con respeto y discreción, el Mal escandaliza y atropella el derecho ajeno. Mientras el Bien requiere de instituciones y leyes, de seguridad y respeto, de buena administración y justicia, el Mal necesita del desorden, del derroche y de la impunidad porque mejor se expresa en medio del caos total.

Sólo el Bien tiene facultad creativa o re-creativa del mundo, el Mal, por su parte, sólo tiene fuerzas para provocar dependencia de factores externos y para arrasar con cualquier orden establecido, y aunque el pérfido seductor jamás lo exprese, la verdad es que el Mal, en medio de los placeres, es un castigo en sí mismo que socava las bases morales del individuo, le sustrae el poder sobre su persona, le arrebata su identidad, lo abandona en medio de las masas sin rumbo ni destino para luego someterlo definitivamente a la voluntad ajena, siempre claro en medio del jolgorio y la renovación de promesas, para culminar en la autodestrucción personal y de los pueblos.

El mal no sería tal ni representaría tanto peligro para el hombre y los pueblos, si no tuviera al mismo tiempo la capacidad para mutarse, para disfrazarse de protector-vengador, para disponer de los recursos de todos para encumbrarse como supremo dador, para inculpar al prójimo de los desaciertos propios, para justificarse cínicamente en un futuro y nunca posible bienestar total.

La reforma constitucional parece, entonces, diseñada por el Mal, porque en medio de la oferta de igualdad, infinitos jolgorios y placeres a título de participación en comunas, gratuidad total, eliminación de exámenes y evaluaciones, suministro ilimitado de recursos para satisfacer cualquier necesidad y disminución de la jornada de trabajo, se agiganta el poder del Presidente de la República para que sobre cada individuo o comunidad él haga su sola voluntad, para que subordine al Banco Central y disponga a sus anchas de las reservas internacionales, para que sustituya la propiedad privada por el monopolio estatal, mientras se le arrebata al ciudadano la posibilidad de elegir, controlar y revocar a sus inmediatos gobernantes, condiciona la participación ciudadana a la realización de actividades dirigidas a fortalecer el poder estatal, se entregan los derechos a la vida, a la integridad personal, a la defensa, a la información, a ser juzgados por nuestros jueces naturales, a ser sancionados sólo una vez y por faltas o delitos consagrados con anterioridad a la supuesta comisión de los hechos y el derecho a ser informados sobre las razones de la detención o el juzgamiento.

Se suprime toda noción del orden político-territorial para dar paso al caos bajo la falaz concepción de una nueva geometría del poder, donde nadie sabrá quién es el vecino o el comisario, el maestro o el soplón, donde la masa tendrá facultad para azotar a la disidencia, donde sólo la voz conforme tendrá libre derecho a votar.

Una reforma que confunde interesadamente la propiedad privada con el espacio propio que todo ser –humano o animal- tiende a defender y preservar, aunque impúdicamente se le asigna al Estado, que en realidad es al Gobierno, a un cogollo o a un solo individuo; es decir, a quienes comandarán el país sin cambio de turno. Cercena la facultad creativa, las aptitudes y vocaciones, negándoles las garantías para su desarrollo y protección, somete la elección de los estudios y del trabajo a los dictados del Gobierno. Suplanta los valores de la vida, la libertad y la seguridad jurídica y personal, por llamados a la muerte, a la guerra entre los hombres por causa de la diversidad de ideologías. La participación protagónica no es vinculante para el Gobierno y restringe la posibilidad para abrogar leyes y decretos.

El socialismo se expresa como castigo al mercantilismo, a la falta de solidaridad social, a la ausencia de responsabilidad social. El socialismo como castigo ya está a la vista: desinversión, escasez, delincuencia, caos, inseguridad, arbitrariedad e inflación. La única ventaja dentro de todo esto es que el Mal siempre pregunta: ¿quieres más? cedice@cedice.org

febrero 26, 2007

Motores de papel

Marisol García Delgado


Quizás para no desnudarnos completamente ante nuestra propia realidad, por ese miedo a lo peor de nosotros mismos, renovamos nuestra fe en la Ley, renunciando inconscientemente a la propia libertad.

Pero, ¿alguien en este país ha comparado el texto de la Ley de Tránsito Terrestre, norma reguladora de la mínima civilización, de la conducta elemental de conductores y peatones, con nuestra cotidianidad? Cuatrocientos o más artículos dignos de una tienda de bisutería: útiles cuando queremos, inútiles si no se usan, siempre en exhibición multicolor, sin respetar gustos ni criterios, y cada quien los utiliza o no si le da la grandísima gana.

Empezando por las llamadas personalidades, pues en ellas es usual comerse luces y flechas por más de una cuadra, utilizar aceras y demás zonas prohibidas como estacionamientos, sólo para demostrarnos lo importante que son, lo apurado que andan por resolver los problemas nacionales, la urgencia que tienen de cumplir con su deber. Ignoran olímpicamente que su primer deber es, precisamente, dar el ejemplo.

Ni hablar de la gratuidad de la Justicia consagrada constitucionalmente y burlada en los mismísimos recintos judiciales. ¿Dónde más? De la especulación en los entes gubernamentales, donde no llega el INDECU, para impedir y sancionar a quienes cobran Bs. 500 por fotocopia simple o expenden a Bs. 1.150 la planilla del SUMAT, sin que, por supuesto, ésta tenga su precio impreso y a la vista. Todo esto para no mencionar otros costos exorbitantes – tanto para el capitalismo como para el socialismo- ni esa modalidad, total y absolutamente generalizada, siguiendo el ejemplo que las dependencias gubernamentales dan, de apropiarse indebidamente de toda fracción de cien bolívares. ¿Cuántas reformas llevan la Ley de Protección al Consumidor y el Código Penal?

La inutilidad de la norma jurídica para orientar alguna conducta, para armonizar posiciones antagónicas que subyacen en cualquier sociedad, para resolver conflictos, para enrumbar iniciativas o para sancionar faltas o delitos, está tan, pero tan desprestigiada, que algunos vendedores de leyes encuadernadas –para no perder el papel y la inversión- frente a cualquier reforma pequeña o grande que afecte su publicación, se limitan a cambiar el color de la carátula y a actualizar el número y fecha de la Gaceta Oficial. Peligroso en juicio.

Hampa no lee leyes. Esas son personalidades básicas que funcionan según las oportunidades y amenazas que presenta el ambiente. Y las leyes son tan largas y engorrosas que quien no está obligado a leerlas por razones de trabajo, no las lee porque tiene que trabajar. Eso es consecuencia de saturar de normas a una sociedad ¡y qué clase de normas! Ningún mecanismo que requiera de alguna precisión puede funcionar con la colocación arbitraria de sus elementos. Unas reglas que no guardan sintonía en su propia constitución, que no se articulan ni ubican adecuadamente, simplemente no sirven.

Poco importa si legisla la Asamblea o el Presidente, especialmente cuando a aquella se le discute la legitimidad, lo que se debe analizar, más desde el gobierno mismo que desde la oposición o desde el seno de la sociedad, es si 60 u 80 leyes, si una enmienda o reforma constitucional pueden verdadera y honestamente utilizarse como motores de la revolución. O como motor de cualquier cosa, pues.

Porque es falso, total y absolutamente falso, según enseña la filosofía, la historia y la política del Derecho, que las leyes se dictan. El segundo pecado original de esta sociedad es abandonarse a la fuerza de la Ley, en lugar de nutrirse y fortificarse en sus valores y virtudes.

La educación y formación familiar y cívica, adecuadamente interiorizadas, constituyen las leyes. Esas leyes auténticas y verdaderas que las autoridades, bien preparadas para ello, apenas las descubren y las sistematizan, simplemente para coadyuvar con el orden social, protegiéndolo frente a las amenazas realmente excepcionales de quienes optan por transgredir las reglas instituidas por la sociedad.

La revolución o la oposición, tienen frente a este país el más hermoso y trascendente trabajo: fortalecer las bases familiares y comunitarias de esta sociedad, hacer que funcione su propio mecanismo vital, descubrir la esencia de este pueblo, que seguramente es algo más que necesidad de pan y zinc, oírlo más allá del aturdimiento por el exceso de palabras. Y librarse de espantos: nada, absolutamente nada, funciona con motores de papel.